Posts Tagged ‘food’

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Rusko

octubre 30, 2008

Estaba preparando un post totalmente encabronado tras ver los videos de la vergonzosa negativa del gobierno a reformar las Ingenierías Informáticas cuando he preferido cambiar la bilis por algo más suculento, como puede ser mi primera visita al nuevo y por ahora único restaurante ruso de Kosice. Eso sí, no esperéis unas fotos tan estupendas como de costumbre ya que las hice con el móvil y por mucha óptica Carl-Zeiss que tenga a veces las arruina con determinados tipos de iluminación y distancias.

En dos de las fotos se aprecia una carta exclusivamente de vodkas, la mayoría de las botellas con algún ingrediente vegetal flotando en su interior. El precio de la botella venía a ser de aproximadamente 7 euros, aunque no le veo sentido meterse semejantes lingotazos en un restaurante elegante. Las otras dos bebidas que salen arriba en vaso no son alcohólicas y me resultaron muy especiales. La transparente está hecha a base de estracto de la flor de un árbol ruso cuyo nombre no recuerdo, y el sabor era parecido al yogurt casero. La bebida oscura en cambio está hecha con pan fermentado -un compañero del trabajo bromeó hoy con que los rusos fermentan hasta las piedras- y su sabor es clavado al de las uvas pasas.

En cuanto a las comidas yo me pedí palacinky (la versión soviética de los crepes, aunque para mi mas sabrosos) con caviar y salsa de limón. En realidad resultó ser el mal llamado “caviar rojo” (huevas de salmón) pero al estar acostumbrado a las huevas de lumpo este caviar me resultó totalmente novedoso. Se notaba muy fresco y su sabor era muy intenso -en los bocados finales casi diría que demasiado- además que las bolitas eran mucho más grandes y transparentes que las de cualquier otro sucedáneo (el doble que las artificiales rojas que había visto en España). Luego también probé una variante de la sopa típica rusa que cambiaba la remolacha por una mezcla de lentejas y col no ácida, acompañada de un delicioso pan de ajo con la textura y el tamaño de un gran bizcocho.

En general la experiencia fue casi satisfactoria. Sinceramente no compensó la cantidad con el precio pues una hora después de pagar la cuenta tenía un cacho de pizza en la mano… algo que por ejemplo no pasa tras ir al restaurante francés de la ciudad, Le Coloniel, donde podrán ser todo lo finos que quieran pero cuando pides sopa de cebolla te meten medio litro de deliciosa crema dentro de un pan cateto ahuecado y repleto de queso fundido. Eso sí, en el restaurante ruso disfruté como un enano con la rarezas.

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Urfa

febrero 27, 2008

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Hay quien compara una buena comida con una sinfonía donde debe haber armonía y todo debe funcionar en su justa medida. Desde el fin de semana pasado para mí esa afirmación no es sólo artística. Me explico. El viernes cené en un restaurante turco donde me sirvieron un Iskender con un condimento especial, una pimienta roja de nombre Urfa Biber, originaria exclusivamente de la región turca de Urfa. Todo esto lo cuento después de buscar información, en su momento sólo noté un grado de 4 en la escala 10 de picante (de nuevo información posterior), porque durante la cena no pensaba más que en disfrutar de la comida. Pero entonces se produjo el detalle especial.

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He de decir que era mi cumpleaños, motivo por el cual los dueños del local me invitaron a un solo pequeño chupito (apenas 2 dedos) de Hruskovica. Bien, la Urfa Biber me hizo estragos en cosa de 15 minutos. He buscado datos si realmente un picante puede afectar a la asimilación del alcohol, actuando como catalizador o algo así. No he encontrado nada en realidad, así que no puedo decir si esta pimienta roja me afectó especialmente por algo característico o si es un efecto exclusivo mio. Entre los comensales que estábamos, unos 15, sólo otros 2 en la mesa ingirieron Urfa Biber, por lo que es un rango demasiado pequeño para sacar conclusiones. De esas 2 personas, una de ellas, varón curtido y die-hard en el tema por así decirlo, no sintió nada especial (aunque admitió haber tomado todo el picante en una ingesta, sin administrarlo poco a poco). La otra persona, una chica de reducido peso y dimensiones, casi se sintió como yo: ciego durante varios minutos sin motivo aparente. ¿Acaso era muy sensible a lo que estaba comiendo? La inmunidad se hace con la ingesta, pero también con ayudas. Fue entonces cuando me fijé que la chica que también comía Ufar, no tan afectaba como yo, bebía algo especial: Kefir.

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Según la red, el Kefir es “originario del Caucaso, un tipo de fermentación hidroalcohólica de la leche. La longevidad de los pueblos que tradicionalmente lo han consumido, lo popularizó en Europa desde principios de siglo. Esta cremosa bebida, parecida al yogur, posee varios rasgos distintivos: En su fermentación intervienen 7 bacterias, frente a las 3 o 4 del yogur y el suero lactico, donde residen la mayor parte de sus elementos benificos, no se elimina. Es totalmente digerible, regula el sistema digestivo y restablece la flora intestinal destruida por una mala alimentación, uso de antibióticos y otros tratamientos agresivos para dichos órganos. Podría decirse pues, que el kefir es la mejor, sino la única forma saludable de tomar leche. No se encuentra facilmente, aunque su sencilla elaboración permite hacerlo en casa”.

Al beber un poco de Kefir volví a la normalidad rápidamente. La sinfonía de mi cena había dejado de estar desafinada.

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