Archive for 17 octubre 2012

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Místicos

octubre 17, 2012

Trascendencia chorra, derroche de virtuosismo y simbolismo, sonido sobreproducido… me llevo diez.

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Feferoni

octubre 4, 2012

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Me acabo de tomar para merendar, raro que es uno, una ración de bacalao encurtido con feferoni. El feferoni, no confundir con pepperoni, es un pimiento de la familia de los Capsicum annuum que suele consumirse fresco y no del todo desarrollado; por eso su forma común en los platos es la de un tomate cherry, apenas identificable de uno auténtico a más de medio metro, razón por la cual, hace cinco años, tuvimos algún que otro momento entre lágrimas los erasmus de Kosice. Es muy típico de Hungría y su periferia, y su saborcillo en mis labios me empuja a escribir esto.

Hace cinco años no podía con él. Ahora mismo he disfrutado y sin requerir leche después, truco para diluir la capsaicina. Como todos, en la “juventud” había probado el tabasco, digamos nivel 2/10 en mi escala. Aparte de la cayena en polvo no recuerdo nada equivalente en mi entorno. Hasta que empecé a vivir fuera. Oh, la Sriracha, qué haría yo sin tí y sin el día que te conocí. 4/10 en mi escala.

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La Sriracha viene a ser la marihuana de los picantes: el puente a cosas más fuertes pese a su apariencia inofensiva. Empecé con ella algo timido y cauto, pero rápido se volvió indispensable hasta el punto que excluyó de mi dieta cualquier otra salsa de bote. Luego vinieron las pastas de curry, más verde que roja por mi tendencia a usarla en pescados, pero el verdadero salto, la parte chunga de la historia, vino con the motherfucking Habanero.

Hay una cosa llamada Escala Scoville, un tanto inexacta pero válida para medir la intensidad del picante. El Habanero (mi 8/10), alcanza un nivel bastante aceptable hasta el punto que la primera vez que lo probé rebasó mi umbral no de molestia, sino de dolor (error de novato al tomarlo sin mezclar). Eso fue hace un año. Ahora, con cautela, puedo disfrutar de él, y también del Madras, y del Vindaloo si me acompaña un buen Lassi. Sobra decir que a día de hoy la Sriracha y el feferoni no me hacen ni cosquillas, son aperitivos. El círculo del calor infernal se ha cerrado.

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Dicen que, sin abusar (no le hecho picante a todo y sigo apreciando los sabores, no como un amigo indio que le echa cayena a la ensalada), este tipo de comida ayuda al metabolismo e incluso reduce el riesgo de cáncer. Dicen. Yo me limito a probar y disfrutar en honor a la ciencia (ciencia gastrointestinal, se entiende).

Dos cosas antes de terminar: no quiero ir más allá y odio los jalapeños. Mi escala de 9/10 y 10/10 me pondría el culo torcido y no es una metáfora: a una de las salsas más hardcore la llaman ass-reaper. Y sobre los jalapeños… me sientan como un tiro. No sé que tienen que me rompen por dentro. Por suerte hay más donde elegir.