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Betelgeuse

octubre 19, 2009

Cuando era adolescente, y cubierto de granos pensaba que algún día iba a ser astrofísico, de entre todas las estrellas del firmamento tenía una favorita: Betelgeuse. Si no recuerdo mal, en Némesis de Asimov se la describía como una palpitante esfera roja semejante a un corazón ensangrentado que latía lentamente. Aquella descripción se me quedó marcada y los alrededores de Betelgeuse fueron escenarios silenciosos de las Space Opera con las que empecé a escribir ficción.

Si bien aquellas historias nunca abandonarán el cajón donde las metí por estar atrozmente escritas, Betelgeuse sigue teniendo el mismo glamour. Se trata de un bicharraco que de ocupar la posición del sol pillaría hasta la órbita de Júpiter, que se dice pronto. Para alguien anteriormente apasionado por los dinosaurios es justo admitir que el tamaño en astronomía también importa. Y mucho.

Bien, a cuento de qué os preguntaréis van estos comentarios. Pues que la gordinflona se nos va. Quizá sea en el 2012 como muchos no paran de porculear, quizá en cinco siglos o en dos milenios, pero -y aunque a nadie parezca importarle la pérdida- Betelgeuse no para de encoger y se prepara para el reventón. Las consecuencias del chupinazo las desconozco, pero la cara de la gente al contemplar una supernova a la luz del día -y ver las sombras duplicadas- no tendrá precio.

¿Mi predicción?

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