Archive for 31 octubre 2009

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Gina

octubre 31, 2009

Se me ha colado un gremlin en casa y no parece dispuesto a marcharse…

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Kaaba

octubre 30, 2009

En pleno centro de la Meca se alza El Cubo (Kaaba/Ka’bah), un prisma oscuro que constituye el centro de peregrinación más importante del Islám. En su interior y en buena custodia se asienta la piedra negra, una roca que según la tradición -o la wikipedia, que viene a ser lo mismo- fue entregada por el Ángel Gabriel a Abraham. Se dice que esta piedra llegó a la tierra totalmente blanca, y que por los pecados del hombre se puso negra como el betún.

Pese a que en aquellos tiempos -siglo VIII- no existiera la ciencia-ficción, me encanta que sin embargo sí hubiera atrevimiento y originalidad para construir un sobrio y awesome cubo negro en mitad de una mezquita. Este prisma, mezcla del monolito de 2001 y la película Cube, tuvo y tiene como función -entre otras, pues también se considera el punto de unión del cielo como el mundo terrenal- el proteger un asteroide que, como dice arriba, llegó a la Tierra “blanco” -el polvo de la desintegración al caer dejaría un rastro parecido a una nube- y se volvió “negro” cuando lo encontraron -chamuscado por la fricción del aire-. El soporte de plata del asteroide parece además diseñado por H. R. Giger.

Por si fuera poco, el primer tio que besó la piedra negra, ese al que conocen como Mahoma, dijo antes de acercarle sus morros: “No me olvido que eres una piedra y no puedes hacerme ni bien ni mal”. ¿Se puede ser más preciso y lógico en un contexto religioso? En el lugar más visitado por una de las sectas más intransigentes y radicales se venera un asteroide no por que se piense que posee cualidades sobrenaturales o forme parte de un ente divino: se adora simplemente porque la astronomía -entendida como el conjunto de regalos del cielo- mola.

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Agua

octubre 25, 2009

El otro día vi The Age of Stupid, una película de lo más particular donde un hombre del 2055, rodeado por un mundo devastado, echa un vistazo a imágenes y vivencias reales de la actualidad para comprender y criticar la debacle ecológica en ciernes. Pese a no ser ni remotamente perfecta -el montaje y la selección de algunas localizaciones y personajes es muy criticable- recomiendo encarecidamente el visionado de esta película, a la que personalmente pongo al nivel de An Inconvenient Truth.

Aunque la película no me ha abierto los ojos en el sentido amplio de la expresión -puede que me olvide de ella en un par de semanas- sí que ha logrado señalar algunos detalles cuestionables de mis costumbres en los que no me había parado a pensar demasiado y que me he propuesto cambiar. Y uno de estos detalles, al que dedicaré unas pocas palabras, es el consumo de agua embotellada.

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No diré que beber agua del grifo en Madrid o Granada sea lo mismo que hacerlo en Málaga, ni nada comentaré -más que nada por ignorancia- sobre la relación entre las piedras en el riñón y la alta mineralización en la alimentación, en caso de que exista. Tampoco haré mención de otros detalles, como que el agua embotellada cueste 500 veces más que la del grifo, pues 4 o 5 euros más al mes no son para tirar cohetes. Evidentemente mis intenciones van por otro lado.

Un vaso de agua del grifo en Londres -y me parece razonable usarlo como valor medio para cualquier otra ciudad grande de Europa- deja una impronta de CO2 de sólo 0,3 gramos. El equivalente en agua embotellada -pensad en el uso de petróleo para la botella y el gasto en combustible para los kilómetros que debe recorrer- produce 185 gramos; casi 700 veces más. Sin duda un capricho demasiado sucio para que no provocar remordimientos y que debe multiplicarse por los 40 millones de botellas de agua que se calcula son vendidas al día en todo el planeta.

No todo el mundo está dispuesto a prestar atención exhaustiva a lo que compra para llenar su nevera o su armario, ni qué decide importar del extranjero o descargar digitalmente renegando del soporte físico. Yo soy uno de esos idiotas. Pero al menos me he propuesto cambiar algunas cosas, muy despacio. Y hoy, por primera vez en muchos años, he salido del supermercado sin comprar botellas de agua. Te invito, oh lector, a llevar también a cabo tan cómodo sacrificio.

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Billions

octubre 20, 2009

No tan bueno como el anterior autotune, pero interesante al fin y al cabo.

Snif.

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Betelgeuse

octubre 19, 2009

Cuando era adolescente, y cubierto de granos pensaba que algún día iba a ser astrofísico, de entre todas las estrellas del firmamento tenía una favorita: Betelgeuse. Si no recuerdo mal, en Némesis de Asimov se la describía como una palpitante esfera roja semejante a un corazón ensangrentado que latía lentamente. Aquella descripción se me quedó marcada y los alrededores de Betelgeuse fueron escenarios silenciosos de las Space Opera con las que empecé a escribir ficción.

Si bien aquellas historias nunca abandonarán el cajón donde las metí por estar atrozmente escritas, Betelgeuse sigue teniendo el mismo glamour. Se trata de un bicharraco que de ocupar la posición del sol pillaría hasta la órbita de Júpiter, que se dice pronto. Para alguien anteriormente apasionado por los dinosaurios es justo admitir que el tamaño en astronomía también importa. Y mucho.

Bien, a cuento de qué os preguntaréis van estos comentarios. Pues que la gordinflona se nos va. Quizá sea en el 2012 como muchos no paran de porculear, quizá en cinco siglos o en dos milenios, pero -y aunque a nadie parezca importarle la pérdida- Betelgeuse no para de encoger y se prepara para el reventón. Las consecuencias del chupinazo las desconozco, pero la cara de la gente al contemplar una supernova a la luz del día -y ver las sombras duplicadas- no tendrá precio.

¿Mi predicción?

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Tenderloin

octubre 12, 2009

A todos aquellos siempre alarmados por el consumo de transgénicos yo os pregunto: ¿Y qué mas da manipular los genes desde dentro si llevamos milenios haciéndolo desde fuera?

Ahora su filete con un 300% más de carne. No se admiten reclamaciones ni náuseas.

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Dinos

octubre 8, 2009

Mirando catálogos de juguetes para los niños de hoy uno se da cuenta de lo poco relevantes que se han vuelto los juguetes en su propio catálogo. No seré yo quien se lleve las manos a la cabeza por el auge de los videojuegos, pero ahora hoy en esos catálogos se lleva mucho poner discos de música, películas y demás productos que ni de lejos yo pedía para Navidad con menos de 8 años. Ahora los críos parecen estar más interesados por pseudoadulteces del tipo moda y fichajes futbolísticos y la inocencia de un buen pedazo de plástico lleva años de capa caída, para tristeza de muchos.

Supongo que la debacle del plástico no es sólo el resultado de atravesar una era digital y -de puertas afuera- ecológica: recuerdo lo rápido que desaparecieron los muñecos made in china que se vendían a toneladas por las calles cuando descubrieron que eran tóxicos -aunque aún se siguen vendiendo “a escondidas”-. De pequeño coleccionaba esos dinosaurios de forma obsesiva, bastante antes de la moda de Jurassic Park, pero como nunca me dio por comérmelos creo que me mantuve a salvo de su toxicidad.

Desconozco lo que la generación ahora más joven va a recordar con añoranza cuando sea mayor -de hecho perdí el interés por los juguetes en cuanto sacaron los Action-Man en 1995, pensando que se trataba de no más que un burdo intento de sustituir la gloria de los Masters del Universo-, por lo que no tengo ni idea de los productos que impulsan actualmente al consumismo infantil. Pero sí sé que dentro de millones de años sólo dos cosas habrán sobrevivido a la convivencia doméstica con esta especie en extinción que somos los seres humanos: las cucarachas y los dinosaurios de plástico protegidos bajo kilos de polvo en los trasteros. Resulta irónico, ¿verdad? El petróleo proviene de la vida prehistórica y con el oro negro se fabricaban representaciones de animales prehistóricos.

Los videos que acompañan al post pertenecen a tres de mis series animadas más enigmáticas: Denver el Dinosaurio, dibujos tontos a más no poder pero con una canción de introducción tan sublime que sólo era superada por la de He-Man y el Pato Darwin; Dino Riders, básicamente constituida por anuncios de veinte minutos disfrazados de dibujos animados para seducir a que los niños compraran la gama de juguetes, ¡y qué juguetes! Siempre me tuve que contentar con la gama media-baja de raptors y triceratops porque la gama alta -un tiranosaurio y un brontosaurio casi tan grandes como mi yo de por entonces- rondaban las 25.000 pesetas y eran mi visita principal cuando me llevaban a El Corte Inglés, básicamente “a mirar”. La tercera serie es Dinosaucers, en mi opinión la de más calidad de cuantas emitían y la única que inexplicablemente jamás tuvo juguetes, quizá el motivo de que ahora ni la vendan en dvd ni encuentre un mísero capítulo para descargar (aunque afortunadamente sí los haya en youtube, pero sólo unos pocos). La obsesión con Dinosaucers llegaba a tal extremo que los personajes se me aparecían en sueños constantemente -por suerte nunca me pidieron que quemara mi casa-.

Me llegan a enseñar el siguiente video por entonces y habría quedado catatónico.

Dinosaurios. Awesomizando -oficialmente- al personal desde 1842.