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Bleach

mayo 28, 2007

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Ahí estaba yo, andrajoso, sin duchar ni afeitar, con mis apuntes bajo el brazo y una PSP prestada en el bolsillo, entrando en el hospital. Aroma a lejía en el suelo amarillento y un regusto a rancio rezumando a mi alrededor. Ni idea de hacia dónde ir, qué hacer ni decir hasta que uno de ellos, con sus bata blanca, ojos lúcidos y voz serena iluminó la estancia. “Conozco tu interior mejor que tú mismo”, le faltó decir. Y entonces supe que la bata de blanco impoluto y la apariencia inmaculada eran un disfraz, pues aquel individuo se habría metido de cabeza en mis entrañas, nadando entre tripas y abriéndose paso a mordiscos por mis intestinos si así lograba salvarme la vida (en el caso de que el enfermo fuera yo, claro).

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“Bienvenidos al taller de reparaciones humanas”. Sentado en la sala de espera no comprendí el extraño equilibrio entre frío y calor emocional de aquellos entes en bata; la forma de examinar el cuerpo de los demás, igual que un fontanero observa los bajos del fregadero, para luego lucir el tacto de quien sabe cómo evitar horas de nerviosismo ajeno usando un determinado tono de voz. Yo tenía una pequeña pantalla entre mis manos en la que cuatro monigotes daban saltos pero ahí delante ellos salvaban vidas. Me sentí como un crío jugando estúpidamente. Tuve la impresión de que dedicaba mi vida a estudiar y pensar en cosas banales. Pero luego vi a los dioses en bata con muestras de cansancio, dudosos e incecisos, valiéndose de pantallitas una vez sus limitaciones alcanzaban un tope y necesitando de otros controles donde los unos y los ceros eran quienes salvaban vidas, y la sensación se diluyó. Me dispuse a aguardar en la sala de espera con más autoestima.

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Al cabo de unos minutos allí, el ruido del lugar me sacó de las ensoñaciones que iban a motivar este post, por lo que volví a la realidad. El jolgorio de unos chavales provocaron el aviso de una futura enfermera, que a mi lado pidió silencio. Los chavales se cayaron pero al poco tiempo un tipo engreído, justo al lado y con el que no iba el cuento, se levantó del asiento exclamando: “A mi no me manda usted callar, que yo soy abogado”. Miré mi reloj. Faltaba una hora para que cerraran los colegios y recordé que aún no había votado. Observé al orgulloso señor mientras me levantaba y me dije que todo tiene un factor de mejora. Imaginé un sistema legal totalmente automatizado y preciso, sin ambigüedades ni letrados, y ya que era el día apropiado pensé en un sistema político axiomático, sin falsedades ni políticos. Cuando dejé atrás el olor a rancio del hospital, las puertas agrietadas y los desconchones en las paredes acabé convencido de que el ingenio, y todo lo que se deriva de esa palabra, deberían dominar el mundo.

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PD: Al parecer estoy entre los finalistas del concurso de relatos cortos de la Universidad de Málaga. Desconozco el día que se hace público el ganador, pero tranquilos, de ser yo os enterareis…

4 comentarios

  1. Nos enteraremos y tendrás que invitarte a algo ^^ y recuerda que no es por tu blog sino por los relatos xD

    Por cierto la S.S. española es un asco y sus instalaciones, personal y demás tambien.

    ¿sabías que lo de Bleach Eating Freaks (.com) se está poniendo de moda?


  2. No conocía esa web, directa a favoritos xD


  3. Bueno estas mejor¿? jejej

    Un saludo tío.


  4. Pues, enhorabuena! ;) Preparando maletas tamos por aquí, y seguro que Mr Manson llegando.. Ais…



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