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Observadores

mayo 11, 2007

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A veces siento un odio terrible hacia la naturaleza que no logro explicar. Recientemente me atreví a afirmar en público que el ecologismo era algo inhumano, y luego me vinieron dudas sobre la propia definición de inhumanidad. No me gusta encontrarme “por sorpresa” con palabras que esconden tanta ambigüedad; supongo que estoy demasiado acostumbrado a los sistemas axiomáticos y cuando hurgo en cuestiones lingüísticas una parte de mí, la más fría y matemática, siente que camina sobre un barro muy espeso… pero la propia naturaleza es inhumana, que cada cual le aplique la definición que crea conveniente ya que adjetivos como “bueno”o “malo” son igualmente ambiguos.

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Escribo esto porque en ocasiones, por un pequeño detalle superficial, la vida de una persona puede cambiar enormemente o seguir un rumbo determinado al nacer. La naturaleza pone una pequeña marca en algunos individuos y desde entonces quedan vetados para siempre en niveles sociales, económicos o intelectuales, porque es la misma naturaleza la que hace incompletas las vidas de los humanos por un mero capricho, regalando y privando sin justicia a nivel biológico mientras hace combinaciones, positivas a la larga pero dejando por el camino toda una legión de amargados, deformes físicos y mentales, inadaptados, acomplejados o mártires. Es la injusta lotería biológica de nacer con algo de más o de menos, de sernos quitado un detalle más adelante o puesta una carga sin remedio.

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En el proceso de generar extrañas combinaciones genéticas y una variedad de productos defectuosos para sacar un 0,1% de provecho, la naturaleza deja en ocasiones engendros desechados en apariencia, sin utilidad reproductora pero que aportan lo que alguien con una vida plena desconoce: una visión especial, la captación de detalles que aquellos despistados con una vida “normal” no son capaces de percibir. Mientras la gente va de compras a las tiendas de moda, amplía sus redes sociales en una terraza o se restriega en una discoteca, personajillos modestos, casi invisibles, callados, inofensivos y poco llamativos, observan y piensan; observan y piensan constantemente mientras la gente camina a su alrededor sin verlos. Y aunque la naturaleza no les haya dado el rol más deseado sí tienen, en el fondo, el papel más humano de todos, o al menos el más alejado de lo animal: poder discernir lo inhumana que es la naturaleza al no quedarles más remedio que no-vivir.

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Videodescubrimiento de Kermes que comparto aquí:

6 comentarios

  1. El video me ha encantado.


  2. A mí no.


  3. Pues a mi sí :)

    Porque dice verdades como puños.


  4. Verdades que había dicho ya en el primer minuto, los otros seis sobran.


  5. Mmm, no estoy de acuerdo con esto. Resumiendo esta entrada entiendo que los que están acomplejados físicamente son más observadores. O eso me parece a mí.


  6. si no te hubiese gustado no lo hubieses publicado, me alegro de que contrubuyas a la difusion del video, que si ves los 7 minutos cuando estas de bajon por alguna gilipollez, al menos te da q pensar y te alivia aunque sea un poquitin

    Por cierto, con los examenes de finlandia y la vuelta y esas cosas he estado un poco descolgado, me estoy poniendo al dia y por eso te escribo los comentarios con un poco de retraso ;P



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