Intentaré reunir aquí no las diez mejores novelas que he leído sino las que más me han marcado en diferentes sentidos o me han servido para propósitos muy dispares, lo que las convierte en mi actual top 10 de favoritas (y también a recomendar). Sé que en su mayoría se encaminan hacia un género concreto, pero es algo ineludible en mi. ¿Cuáles serían las vuestras?

10. El Club Dumas – Arturo Pérez-Reverte
Pasión por el material impreso, satanismo y la capacidad de la obra para encerrar en su interior al autor son elementos que Reverte fusiona sin esfuerzo, dando la engañosa impresión de que escribir es tan fácil como respirar. No es la mejor novela española que he leído pero sí la que más rápidamente he terminado. Libros usados a modos de puzzles que llevan hacia textos justificadamente prohibidos; morbo y fascinación por el mal, ingredientes más que suficientes para enganchar.
9. Pórtico – Frederik Pohl
Quien no arriesga no gana, ésa es la premisa fundamental de una novela donde el riesgo y la ausencia de control son la esencia de la vida. Pohl recrea personajes llenos de complejos y problemas personales a los que pone ante tecnología alienígena que nadie comprende lo más mínimo. De usarse erróneamente, esta tecnología puede provocar una dolorosa muerte, pero si uno es afortunado y la usa de la forma adecuada puede enriquecerse de por vida. Una novela divertida y con mucho sentido del humor en la que cualquier movimiento o decisión es equivalente a jugar a la ruleta rusa.

8. La Casa de los Espíritus – Isabel Allende
Libros fresco e impulsivo donde las ideas brotan igual que frutos de un árbol. Allende escribe de forma pasional, casi orgánica, y ésta es mi novela latinoamericana favorita. Personajes marcados y de mucho carácter que evolucionan durante décadas mientras descubrimos las transformaciones en la familia Trueba entre dos eras muy distintas: desde un pasado fantástico en el que todo parece posible a un presente más realista y de lóbrega madurez.
7. 2010: Odisea Dos – Arthur C. Clarke
Dejando a un lado la impresión de leer un texto de ingeniero para ingenieros con todo lo malo que ello supone, Clarke aporta fascinación mientras supera en mi opinión, y con mucho, la algo vacía 2001, llevando al lector de maravilla en maravilla mientras da saltos por el sistema solar hasta terminar transformando todo cuanto conocemos de él. El monolito ha despertado y los únicos capaces de desvelar sus misterios son alguien fallecido y algo que jamás llegó a estar vivo, elementos atípicos que redondean una historia muy especial.

6. Contact – Carl Sagan
Esta novela tiene dos partes muy diferenciadas: algo así como un 80% inicial de crítica a la sociedad occidental y un 20% de cóctel científico-especulativo de pata negra. Contact es la excusa de Sagan para soltar todas las quejas y teorías que llevaba dentro, escribir su primera obra de ficción tras una de las carreras de divulgación más intachables y ponerse a prueba. Literariamente es muy pobre, pero no fue concebida para resultar estética sino funcional, y en ello cumple con creces. En sus páginas, una astrofísica descubre una señal desde el espacio compuesta por números primos, dentro de los cuales se ocultan instrucciones para construir algo tan costoso que todas las naciones deberán colaborar para lograr hacerlo funcionar.
5. Los Propios Dioses – Isaac Asimov
Resulta complicado atreverse a describir algo que nunca se ha visto. Más para un escritor basado en diálogos con nula capacidad descriptiva, por ello igual que un ciego Asimov expande su pensamiento para transmitir sensaciones inéditas. Dentro de esta novela, en un universo paralelo, la física es distinta y nuestros sentidos no tienen lugar. Allí una especie inteligente con una sociedad y costumbres muy peculiares está a punto de comunicarse con los humanos, aunque la diferencia entre buenas y malas intenciones es muy relativa en los asuntos inderdimensionales.

4. La Voz de los Muertos – Orson Scott Card
No hay mejor prueba para nuestros niveles de xenofobia que intentar convivir con algo totalmente diferente, nauseabundo a nivel superficial e incomprensible cuando el miedo nos ciega. Card, hábil tejedor de psicologías complejas, exquisito en ocasiones, juega con la fragilidad de las emociones mientras construye su propio mundo. Secuela natural de El Juego de Ender aunque disfrutable por separado, tres especies totalmente dispares se ven obligadas a coexistir aunque lo normal para una resulte brutal para las otras y la extinción amenace sin piedad a las tres de forma conjunta.
3. El Perfume – Patrick Süskind
Como un banquete sensorial, Süskind muestra con un estilo sublime a los seres humanos convertidos en marionetas de los estímulos, en un mundo medieval donde aquel que domine plenamente uno de los cinco sentidos se convierte por pleno derecho en un Dios. Jean Baptiste Grenouille, uno de los personajes más espectaculares de la literatura actual (en mi humilde opinión), posee un don olfativo sobrenatural y un cerebro capaz de memorizar y desarrollar perfumes con los que puede conseguir todo lo que desea, o casi.

2. El Juego de Ender – Orson Scott Card
Nacido y forjado para ser un líder, entrenado desde pocos años de edad, Ender es la última esperanza para la supervivencia. Inestable, con carencias emocionales y obligado a valerse por si mismo en una dura escuela militar, Ender será quien comande un ejército de millones pese a que en el fondo no sea más que un niño. Card hace gala de su dominio sobre la psicología humana en la obra que le dio fama, a la vez que muestra por primera vez el uso de videojuegos para la docencia aunque no con intenciones pacifistas precisamente.
1. 1984 – George Orwell
Lúcido y visionario, Orwell plasma con dureza y crueldad el declive social que olió en su tiempo y que el totalitarismo hi-tec intenta introducir en la actualidad. Sin piedad hacia sus propios personajes y con una gran narrativa se nos plantea un Londres en el futuro cercano, casi se podría decir ya en la actualidad, donde el gobierno inventa hasta el año en el que se vive y donde todos los aspectos están controlados por un Gran Hermano que todo lo ve. Una historia sin esperanza, gris y con olor a restos quemados; quizá la pesadilla más horrorosa y factible jamás escrita.
