Afortunadamente existe una opción extra para superar el Prácticum, asignatura que para quien no lo sepa consiste básicamente en trabajar como becario unas pocas horas al día durante bastantes meses sin cobrar ni un duro. Esta opción se basa en demostrar, de media docena de formas, que se ha trabajado un mínimo de seis meses en algo directamente relacionado con lo que uno estudia. Y yo, tras haber trabajado 9 meses, creí superado ese mínimo y allá por el verano solicité la convalidación con todos los papeles que se me exigían.
Un tiempo más tarde recibí respuesta desde mi facultad aceptando la solicitud, pero con una salvedad: para convalidar tenía que estar trabajando en el mismo puesto y empresa cuando ellos fueran a convalidar. Es decir, la comisión del Prácticum se sacaba de la manga una regla no escrita con la cual, de haber dejado de trabajar allí por el motivo que fuera, me habrían jodido la convalidación. Pero como ya tengo experiencia en reglas invisibles en la Universidad -maravillas del Erasmus-, y afortunadamente seguía trabajando en el mismo lugar, me tragué las exigencias y fui a hablar con mi jefe one more time para que me prepararan la documentación de algo que, supongo, fuera de España no llegan a comprender por lo estúpido que resulta -ese concepto de trabajar gratis para “ganar experiencia” y que lo impongan como obligación en la Universidad-.
Bien, con los nuevos papeles y todo en norma las cosas parecían salir como debían. Demostré que llevaba más de un año trabajando en un puesto bastante digno -el doble del tiempo mínimo exigido-, y el mes pasado recibí otra contestación: se me aceptaba convalidar… pero sólo cuando me pusiera en contacto con un tutor de la facultad, alguien asignado por ellos que analizaría una memoria en la que debía explicar cómo había sido y es mi trabajo. No, no bastaba con la descripción detallada realizada por mi jefe con toda la oficialidad de una multinacional: debía escribir una memoria al respecto. Y lo acepté, supongo que es una forma eficaz de pillar a los que hacen trampas. Con buen humor, y una vez con la dirección de correo de mi tutor del Prácticum al alcance, envié un mensaje preguntándole cómo quería el tema, si poco hecho o en su punto. Pero no hubo respuesta durante los primeros días.
Una vez transcurrida una semana le envié otro mail preguntando qué ocurria, pero usando otra dirección distinta por si su filtro de spam me la había jugado. Nada. Transcurrida otra semana usé la dirección de correo asociada a mi matrícula en la Universidad, que odio especialmente por lo engorrosa que es, pero tampoco funcionó; casi un mes después seguía sin tener señales de vida de aquel hombre, así que tras pensar que había sido demasiado paciente, y tras llamar incluso al teléfono de su despacho sin éxito, envié un mail al Director de la comisión del Prácticum preguntando si mi tutor seguía vivo, estaba de baja o de viaje, y el Director en cuestión, extrañado, me mandó preguntarle al Secretario del departamento por aquellos detalles. Y así hice, le pregunté al Secretario del Departamento si había visto a su compañero yendo a trabajar en el último mes.
Hoy, tras todo el proceso, he recibido al fin una respuesta de mi tutor que dice tal que así:
XXXX,
El mail que tengo tuyo es de la semana pasada. No he recibido ninguno
anterior a ese. Y no lo he contestado porque, sencillamente, estoy hasta
el cuello con lo de los nuevos Grados de Bolonia que hemos terminar antes
de final de mes. Dado que soy el XXXX del XXXX, con docencia en
ocho Centros de la XXXX, esto me tiene completamente enmarronado, y desde
hace dos semanas no contesto a los mails salvo cosa urgente.
En cuanto tenga un hueco, contestare a tu mail anterior.
Saludos.
Ya sé cómo funcionan estas cosas. Hay gente que lee un correo -porque para saber si algo es urgente digo yo que habrá que leerlo- y lo deja pasar como si hiciera que no está disponible en el messenger. Allá cada uno con su profesionalidad. Pero digo yo que los diez segundos para responder “Estoy ocupado, ya te aviso cuando pueda tratar tu asunto” ahorran más que los mail consecuentes que vas a recibir al ignorar alguien al que le han impuesto trabajar contigo, que no para ti. Pero qué le voy a hacer. Ya le volveré a recordar el tema cuando estemos acercándonos a marzo.
Me pregunto cuánto tardarían en despedirme a mi si en el trabajo ignorara los mails cuando estuviera enmarronado. Pero claro, en la Universidad se preocupan por comprobar que estoy preparado para la vida laboral: de ahí la necesidad del Prácticum.