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Kaaba

Octubre 30, 2009

En pleno centro de la Meca se alza El Cubo (Kaaba/Ka’bah), un prisma oscuro que constituye el centro de peregrinación más importante del Islám. En su interior y en buena custodia se asienta la piedra negra, una roca que según la tradición -o la wikipedia, que viene a ser lo mismo- fue entregada por el Ángel Gabriel a Abraham. Se dice que esta piedra llegó a la tierra totalmente blanca, y que por los pecados del hombre se puso negra como el betún.

Pese a que en aquellos tiempos -siglo VIII- no existiera la ciencia-ficción, me encanta que sin embargo sí hubiera atrevimiento y originalidad para construir un sobrio y awesome cubo negro en mitad de una mezquita. Este prisma, mezcla del monolito de 2001 y la película Cube, tuvo y tiene como función -entre otras, pues también se considera el punto de unión del cielo como el mundo terrenal- el proteger un asteroide que, como dice arriba, llegó a la Tierra “blanco” -el polvo de la desintegración al caer dejaría un rastro parecido a una nube- y se volvió “negro” cuando lo encontraron -chamuscado por la fricción del aire-. El soporte de plata del asteroide parece además diseñado por H. R. Giger.

Por si fuera poco, el primer tio que besó la piedra negra, ese al que conocen como Mahoma, dijo antes de acercarle sus morros: “No me olvido que eres una piedra y no puedes hacerme ni bien ni mal”. ¿Se puede ser más preciso y lógico en un contexto religioso? En el lugar más visitado por una de las sectas más intransigentes y radicales se venera un asteroide no por que se piense que posee cualidades sobrenaturales o forme parte de un ente divino: se adora simplemente porque la astronomía -entendida como el conjunto de regalos del cielo- mola.

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