Mi lugar de trabajo es una fábrica de adictos al té y al café. Tenemos barra libre de ambos y la gente los bebe sin parar. Tampoco descarto que le añadan algún aditivo para atraer a las masas además del atractivo de su gratuidad. El arranque de la mañana suele venir siempre acompañado por el olor de sus tazas -la mía es la única que siempre lleva agua mineral, que también puedo gorronear-, y sólo cuando todos en la sala de mi equipo estamos sentados en corrillo, aproximadamente a las 9am cada día, hacemos el scrum, o lo que es lo mismo, el “justifica ante el jefe de grupo qué hiciste ayer, qué piensas hacer hoy, comenta tus problemas y aporta soluciones”, en público.
Mi jefe de grupo es un finés de unos treinta y cinco años que se parece al presentador del Cazamitos que aún tiene pelo. Cuando lo conocí pensé que era inglés -hasta lo que el débil volumen de su voz me permitió-, justo al contrario que el otro finés de mi grupo, el lider técnico, que es todo un personaje. Este segundo finés quizás sólo tiene dos o tres años más que yo, pero es el pilar del equipo. Con una pronunciación horrorosa del idioma de las islas (ya no necesito pararme a pensar qué quiere decir cuando grita “Sansel” y deduzco instantáneamente que me está diciendo “Cancel”), el líder técnico tiene un topo que le cubre casi todo un antebrazo y no para de repetir constantemente “that´s weird”, “mambo-jambo” y “whyyy? for fuck´s sake!”, la mayoría de las veces de forma consecutiva, durante todo el día.
No son los únicos fineses de mi entorno -a pocos metros de donde me siento no para de soltar coñas una mezcla imposible entre Thor y Jim Carrey- pero sí son los únicos de mi proyecto que trabajan en Kosice. El resto de mis compañeros son una tropa de eslovacos de lo más variado, desde los dos testers marginados que sólo piensan en el paintball, al pasota que no mueve un dedo y algún día expulsarán, pasando por el perroflauta alternativo casi tartamudo y al hiperactivo que parece estar en dos sitios a la vez. Luego mi proyecto recae en otras ciudades, finesa y danesa respectivamente, pero sólo he conocido a un par de sus miembros en persona y con el resto me limito al Sametime y las conferencias.
Son muchas las cosas a contar y poco el tiempo -y las ganas- para hacerlo… cosas como las porciones de tarta y los tickets para masaje que aparecen de la nada en cuanto se vaticina una carga extra de trabajo -o la amenaza de trabajar en finde, que tarde o temprano me caerá-; fiestas nocturnas y cenas organizadas para los empleados que no les importe admitir que carecen de vida social; tickets diarios para restaurante que alimentan mis ansias de exploración culinaria; la cantidad de dispositivos de seguridad que llevamos colgados del cuello -todos poseemos un collar naranja para movernos de un lugar a otro abriendo con él las puertas-, y muchas más chorradas de todo tipo. Hasta diciembre sigo en estado de supervivencia -soy aquel a quien por ahora pueden echar sin justificación- pero creo que acabaré resistiendo pese a los dolores de cabeza debidos al Nokia Way: tierno y bonito por fuera, crujiente y doloroso por dentro. Ah, ya para acabar, me es obligado mencionar lo desastrosamente estructurada que está la carrera de Ing. Informática en España y lo mucho que, a todos los niveles, me está estorbando el querer sacarla aún adelante, más por orgullo que por sentido común, desde tan lejos…
PD: Las fotos fueron tomadas durante mi primera visita al parque natural Slovensky Raj (Paraíso Eslovaco), un sitio frío, repleto de arañas como puños y en el que es normal caminar 8 horas al día para dar un paseo, pese a lo cual hace honor parcial a su nombre (en mi opinión los Tatras merecen mucho más la pena).




